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INVESTIGACIÓN ECOLÓGICA Y LA POLÍTICA DE CONSERVACIÓN EN MÉXICO
Uno de los retos fundamentales para los ecólogos es "dedicar parte de su vida profesional a reducir la marea de degradación ambiental y la pérdida asociada de biodiversidad y servicios ambientales" (Bazzaz et al. 1998). Dado que la degradación ambiental sigue a un paso alarmante, el papel de los ecólogos se ha convertido cada vez más relevante, particularmente en países en desarrollo.
Cuando empecé mi carrera como investigador en el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México en 1989, decidí dedicar una parte importante de mi trabajo profesional a vincular mi investigación en ecología con los que percibí como algunos de los problemas ambientales más urgentes--la fragmentación del hábitat y la pérdida de la diversidad biológica. En los últimos 15 años he estado involucrado en algunos proyectos como los siguientes: (1) el establecimiento de la primera reserva privada decretada a nivel Federal (la reserva de la biosfera Chamela-Cuixmala), (2) el decreto de la norma mexicana para la protección de especies en peligro de extinción, que protege a miles de especies; (3) el establecimiento del primer fondo privado para el pago de servicios de conservación a campesinos, para la protección de 80 000 ha de selva tropical en la región de Calakmul en el sur de México, (4) la primera erradicación exitosa de roedores introducidos a una isla mexicana (Isla Rasa), (5) la primera reintroducción de un mamífero extirpado, el hurón de patas negras (Mustela nigripes), (6) la evaluación de la efectividad del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, y (7) el estudio y manejo de especies diversas como jaguares y perros de las praderas (e.g., Ceballos & Navarro 1991; Ceballos & García 1995; Ceballos et al. 1993, 1998; Ceballos & Ehrlich 2002). Entre los aspectos de carácter más práctico en los que he participado se encuentran estudios de impacto ambiental, ordenamientos ecológicos de regiones con remanentes de ecosistemas críticos como las selvas bajas de Acapulco, y la presentación de recursos legales para impedir proyectos como el Canal Intracostero de Tamaulipas, que tenia el potencial de impactar severamente los ecosistemas de la Laguna Madre en el noreste de México.
La vinculación de investigación ecológica con problemas de conservación me ha brindado algunos de los periodos más complicados, pero también más halagadores de mi vida. Voy a discutir brevemente aquí algunas de las lecciones generales que he aprendido en estos años, que podrían ser útiles para ecólogos jóvenes que empiezan sus carreras en México y otros países.
En primer lugar, es importante enfatizar que México es un país megadiverso, ya que se estima mantiene aproximadamente el 10% de las especies vivientes. En algunos sentidos su diversidad biológica es verdaderamente asombrosa. Por ejemplo, es uno de los cinco países más diversos en plantas vasculares y vertebrados como mamíferos, reptiles y anfibios. Sus niveles de endemismo son altos, en muchos casos similares a los de países insulares, ya que varían entre el 10% en aves hasta más del 60% en anfibios y algunos grupos de plantas (Mittermeier et al. 1997).
Sin embargo, México, como muchas otras naciones, enfrenta problemas ambientales extremadamente graves, que se derivan de aspectos sociales, políticos y económicos a nivel nacional y global. Las causas principales de la degradación ambiental son el crecimiento de la población humana y una perversa inequidad social en la distribución de la riqueza. Se estima que el 50% de los 100 millones de mexicanos viven a niveles similares o debajo de la pobreza. Algunos escenarios optimistas indican que la población probablemente se estabilizara alrededor de 130 millones de personas en este siglo. Mientras tanto, políticas de desarrollo inadecuadas o corruptas, carentes de una perspectiva ambiental han causado la destrucción casi completa de ecosistemas enteros como las selvas húmedas y la extinción de miles de poblaciones y especies, lo que se ha visto reflejado en la perdida del bienestar social y una rápida tendencia hacia la pobreza de grandes sectores de la población.
Es claro que bajo las circunstancias actuales hay una gran necesidad de investigación ecológica que provea de guía a los diferentes sectores de la población para llevar a cabo un desarrollo sustentable (Castillo & Toledo 2000). Pero involucrarse en problemas de conservación en México, al igual que en muchos otros países, presenta obstáculos profundos para loe ecólogos. Voy a mencionar los que considero más relevantes. Primero, por sorprendente que parezca, los sistemas de evaluación académica en universidades, centros de investigación y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, carecen de mecanismos adecuados para evaluar y estimular las actividades de conservación. De hecho, el involucrarse en actividades de conservación es todavía considerado como una actividad negativa en algunos sectores académicos. Segundo, los ecólogos generalmente están mal preparados para desarrollar investigación en aspectos de conservación y para entender los complejos factores sociales y económicos relacionados con la practica de la conservación, lo cual limita su involucramiento en esta disciplina (Possingham et al. 2001). Finalmente, la ciencia y la investigación en temas ambientales en particular están poco financiadas, lo que es un problema básico para desarrollar estudios y proyectos a largo plazo.
Sin embargo, involucrarse en la política y la práctica de la conservación ofrece oportunidades excelentes de desarrollo para los ecólogos. Tengo tres consejos para su involucramiento en estos temas. En primer lugar, deben estar concientes de las reglas de evaluación especialmente si trabajan en una institución académica. En mi caso, aprendí que podía tener éxito en mis evaluaciones académicas si publicaba en revistas de buena calidad. Por lo tanto, la publicación de los resultados de los proyectos de conservación se volvió una actividad fundamental. En muchos casos, he escogido problemas de conservación que son interesantes también desde la perspectiva de mi investigación ecológica. Hay una gran cantidad de oportunidades para seguir este tipo de enfoque. En segundo lugar, he aprendido que para ser efectivo en conservación uno debe de colaborar con expertos en otras áreas de la ecología y el manejo de recursos, y otras disciplinas como economía y leyes, que son de gran ayudad para enfocar los complejos temas de conservación con marcos de referencia técnicos, sociales y políticos adecuados. En mi caso, por ejemplo, el trabajar con el Dr. Alberto Szekely, un abogado en derecho ambiental en México, me ha permitido ser efectivo en arenas políticas, completamente ajenas a mis habilidades. Finalmente he aprendido que aunque en ecología trabajamos con una alta incertidumbre, los datos y análisis ecológicos sólidos son insumos poderosos para influir en la toma de decisiones en materia ambiental.
El involucramiento de ecólogos en la política y práctica de conservación en México ha sido extremadamente útil y productivo. El trabajo conjunto de ecólogos y especialistas en otros temas ambientales ha revolucionado la manera en la que se percibe el ambiente en México. A pesar de que falta mucho por hacer, desde 1988 el gobierno ha decretado o establecido leyes y normas, como la Ley General de Protección al Ambiente, la norma oficial de especies en peligro de extinción, la Comisión Nacional para la Biodiversidad, y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Gracias a estos esfuerzos el futuro parece un poco más prometedor.
Gerardo Ceballos recibio el Premio al Servicio Distinguido de la Sociedad de Conservacion Biologica en 2004 por su liderazgo en ecologia y conservacion en el mundo, con especial enfasis en areas protegidas y legislacion ambiental en Mexico y el Neotropico.
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